lunes, 19 de diciembre de 2016

TRANSPIRENAICA 2005 - DE MAR A MAR

   Carlos,Tomás, Esther,Javier,Rafael, Juan Luis,José Luis.


Han pasado doce años desde que acabamos “nuestra travesía” y catorce desde que en el refugio de Grindewald, al terminar una de las etapas de la travesía en el Oberland, alguno del grupo preguntó:

En el Faro de Higuer.

¿Por qué no realizar una gran travesía en España? ¿Por qué no cruzar los Pirineos?



¿No podíamos realizar una actividad de merito en nuestras montañas? ¿Quedaba algo por hacer? ¿Algo que fuera novedad, que no se hubiera hecho hasta la fecha

Con Fuenterrabia/Hondarribia al fondo.

El planteamiento de aquella pregunta en Grindewald termino siendo una realidad: Atravesaríamos los Pirineos de mar a mar, desde el Cantábrico al Mediterráneo con un recorrido estudiado por nosotros y ascendiendo a las montañas más características de cada zona.


Una travesía invernal de larga duración y alta exigencia física que permitiera unir los macizos más destacados del Pirineo desde el Orhi al Canigó aunando el empleo del esquí de montaña con el alpinismo para finalizarla antes del 21 de Marzo.
Inmediaciones del Adí.

El equipo de marcha lo formamos seis personas y fuimos apoyados logísticamente por otras tres. Al grupo de seis se incorporaría el/la cámara del programa de Televisión Española “Al filo de lo imposible”.



Desde la Escuela Militar de Montaña de Jaca recibíamos diariamente información sobre la meteorología y el riesgo de aludes. Semanalmente recibíamos los cuidados del servicio médico del mismo centro.
Subiendo hacia el collado de Lepoeder.

El equipo de apoyo logístico contaba con una furgoneta y un vehículo todo terreno donde se transportaban los alimentos, materiales y equipo necesarios para realizar la actividad y sobre todo una gran carga de ilusión.


En el Orhi.

La travesía la dividimos en diez tramos de varias etapas, según el terreno, la dificultad y el enlace que tuviéramos con nuestro equipo de apoyo. 

Hacia los Abodís.

Lo más costoso y desagradable después de planificar fueron los preparativos: proveernos de los materiales, equipos y alimentos y… embalar, separar, distribuir etc… 

Llegando a la cima del Petrechema.

La relevancia de la actividad hizo que la dirección del Grupo Militar de Alta Montaña del Ejército de Tierra se pusiera en contacto con diversas instituciones con el objeto de efectuar diferentes estudios durante la travesía y se realizaron sobre:



Parámetros fisiológicos durante una actividad prolongada en montaña para el Centro de Medicina Deportiva del Gobierno de Aragón. 



Conductividad de la nieve y su influencia en los aparatos de rescates de aludes (ARVAS) para la Universidad de Zaragoza. 



Marcaje de las zonas de aludes y actualización de la cartografía existente sobre estas zonas para el Instituto Nacional de Meteorología. 



Alimentación en montaña en zonas de frio extremo para el Ejército de Tierra. 



Recopilación de datos y coordenadas GPS para la confección de un libro guía que recogiese los pormenores de la actividad. (La Travesía invernal de los Pirineos. Desde el cabo de Higuer al cabo de Creus. Editorial PRAMES. Autor Tomás Rodríguez López... yo mismo).

En el Puerto de Astún.


Posiblemente en la madrugada del 29 de Febrero de 2005, un día lluvioso y gris, mientras tocábamos con las manos las aguas del Cantábrico, ninguno de los componentes del equipo sabía lo que nos esperaba. 


La actividad se convirtió en una carrera contra el calendario a causa de las malas condiciones meteorológicas que nos encontramos. Desde que dimos el primer paso teníamos los días programados, incluso los pocos en los que habíamos previsto descansar para recuperar. 

En la Brecha de Latour (Balaitus).


Dependíamos en exceso de la meteo y esta no pudo ser más adversa para nuestros intereses. 

Tuvimos que apretar los dientes y mucho para conseguir nuestros objetivos y llegar a Creus antes del 21 de Marzo.

Para compensar y debido a la malas jornadas de meteo tuvimos que ir aumentando la duración y el kilometraje en bastantes de la etapas.

Llegando a la cima de los  Infiernos.

Debido al riesgo de aludes tuvimos que hacer variantes, sobre la marcha, de los itinerarios inicialmente previstos y aun así cruzamos zonas en las que ni siquiera nos atrevíamos a hablar.


Lo peor fue que la meteorología también nos impuso los días en que teníamos que descansar, los días de recuperación… y estos no coincidían para nada con los adecuados.

Bramatuero Alto.


Hubo jornadas en que no veíamos a más de un par de metros debido a la ventisca y otras que nos compensaron con creces ofreciéndonos momentos para recordar.

Caminar con el silencio en los hayedos de Navarra.

Atravesar la superficie de los ibones helados. 

Andar, escalar y esquiar por parajes en los que en días no encontrábamos a ninguna persona. 

Coronar Balaitus, Infiernos, Vignemale, Pica d´Estats, Canigó…sin nadie alrededor. 

Estar solos, o con el guardia, en los pocos refugios que encontramos abiertos.

Ascendiendo al Grand Vignemale.

Todos y cada uno de los componentes que formamos el equipo de marcha recordaremos para siempre alguna de las etapas como la más favorable, la más espectacular, la que nos encontramos mejor o simplemente la que nos reímos más… y otras por las malas sensaciones, las bajísimas temperaturas o el desagradable temporal.
Granjas de Campbieill.
Hubo tramos duros como el que unió el Valle de Tena con el Valle de Viella en donde el mal tiempo se cebo con nosotros. Días en que el viento, y su famoso efecto Winchild, hacia que nos acercáramos a los 35º bajo cero como los días de ascensión al Aneto o al Grand Vignemale.

Puerto Viejo de Bielsa.

Etapas agradecidas como las que transcurrieron entre la Junquera y Creus, en lo que nuestro jefe de actividad denominaba el “Pirineo amable”, en las que nos dejamos reconfortar por el sol del fin de invierno. 



Etapas de juegos de hielos y luces como la de Roncesvalles a Irabia. 

 Hacia el refugio de Viadós.

Hubo jornadas de acelerar el paso y otras para hacer risas. Así un pie tras otro y un compañero tras otro fueron pasando las jornadas casi sin enterarnos: andar, comer, foquear, dormir,andar, comer, foquear,dormir… dejando que nuestro equipo de logística nos mimara al finalizar la actividad.

Collado de Gistain.

Con el pasar de los días hacíamos más grupo y solo teníamos en mente la idea de concluir el recorrido previsto para cada jornada. 

Paso de Mahoma (Aneto)

Salíamos con el tiempo que hiciera y solo el riesgo de aludes nos hizo parar o cambiar el itinerario. 

En el Mulleres.

Lo que hizo falta poner lo pusimos para no perder un día, alguna vez salimos y tuvimos que regresar al punto de de inicio por no poder progresar con la seguridad suficiente y entonces ese día nos encontrábamos francamente mal… el equipo durante los cuarenta y nueve días que estuvimos juntos permaneció unido, de otra manera no hubiera sido posible realizar la travesía en el tiempo previsto.
Ascendiendo el Montarto.

No voy a extenderme más para no aburrir. 


Los Pirineos nos ofrecieron una gran aventura, más de novecientos kilómetros recorridos, cincuenta mil metros de desnivel positivo superados, una compilación de más de cuatro mil fotografías, doce horas de grabación, cuatro programas de “Al filo de lo imposible” y cinco estudios realizados para diferentes instituciones que seguro que fueron de gran utilidad. 

Bordas d´Isil.

Al acabar la actividad fue difícil hacer un resumen y contar a nuestras familias, amigos y compañeros lo que habíamos vivido 

Ultimo esfuerzo al Montroig.

La parte final del libro es la más bonita:… por fin vemos el faro de Creus.

Pica d´Estats.
Aquí os dejo los enlaces a los cuatro capítulos que “Al filo de lo imposible” hizo sobre nuestra travesía.
Llegando a la cima del  Canigó.


Un saludo y gracias por seguir el blog.

 DE MAR A MAR PRIMERA PARTE - AL FILO DE LO IMPOSIBLE
 2 DE MAR A MAR SEGUNDA PARTE - AL FILO DE LO IMPOSIBLE
 3 DE MAR A MAR TERCERA PARTE - AL FILO DE LO IMPOSIBLE
 4 DE MAR A MAR CUARTA PARTE - AL FILO DE LO IMPOSIBLE


En el Cabo de Creus

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