domingo, 15 de enero de 2017

A-1º ATLAS DE MARRUECOS 1996

El viaje al Atlas de Marruecos comenzó a fraguarse en una de las muchas conversaciones, del grupo de amigos que salíamos asiduamente montaña, sobre qué actividades nos gustaría hacer en un futuro cercano: Alpes, Atlas Andes… en fin un montón de proyectos que “paseaban” constantemente en nuestras cabezas. La conversación vino y se fue varias veces durante un par de años hasta que, en la primavera de 1996, paso de ser un proyecto a ser una realidad de manera que decidimos irnos ese mismo verano a la cordillera del  Atlas en Marruecos. Era nuestra primera salida allende de los Pirineos y los esfuerzos del grupo irían encaminados a que fuera un viaje inolvidable.
Antonio N.  y yo comentamos entre los más apegados nuestros planes y aparecieron los primeros interesados en sumarse a nuestra aventura, y bien digo aventura por lo que iréis leyendo en esta reseña del viaje.
Dámaso P, el inolvidable Miguel Ángel P. (Meñé para los amigos), Montse A., Manolo I, todos mostraron su ilusión en formar parte del equipo. Más tarde se unieron Alberto B,  Carlos S. (Charli), Inés P., el buenazo de José Ángel A. (Lali) y nuestro médico Jorge M… entre todos formábamos un grupo de los más singular por nuestros oficios, la manera de ser etc.… aunque desde el primer momento los indicadores de “la química” hacían presagiar un buen entendimiento entre nosotros.
Antonio N.  se hizo cargo  con la mayor parte de los preparativos, no en vano era el que atesoraba mayor experiencia en montaña, quizás el más engorroso fue el tema alimentación pues es difícil confeccionar raciones que alimentaran, de acorde a la actividad que íbamos a hacer, que fueran a su vez apetitosas y que además fueran del  gusto de todos nosotros. Me uní a Antonio N. para tratar, entre ambos, de que el tema alimentación fuera un éxito para ello no escatimamos ni tiempo ni viajes: Olorón, Huesca, Sabiñanigo, además de Jaca, fueron las ciudades visitadas para realizar nuestras compras. La confección de las raciones se hizo con verdadero mimo por nuestra parte.
Por otro lado yo tenía la misión de buscar el medio de transporte, tarea ardua si se tenía en cuenta que debería de reunir las condiciones de amplitud, comodidad y, sobre todo, la económica ya que ninguno de nosotros iba sobrado económicamente. Se tanteo en Jaca, Sabiñanigo, Huesca, Zaragoza, y hasta Madrid…miré y sopese las ofertas hasta conseguir lo que buscábamos: una furgoneta Ford Transit  de 9 plazas recién estrenada, con un buen espacio de carga. El alquiler entraba dentro de nuestro presupuesto: 200.000 de las antiguas pesetas. Dispondríamos de ella 16 días y recorreríamos los más de 4.215 km que figuraban en nuestro plan.
Otra de las misiones era conseguir planos, libros, reseñas etc.… (En 1996 los viajes al Atlas eran escasos entre los montañeros y tampoco había los medios de comunicación e intercambio de información con que contamos en la actualidad) lo solventamos gracias a correos con  grupos de montaña de diferentes ciudades a esta información le sumamos las conversaciones mantenidas con nuestro amigo Mariano R. que ya había viajado a la zona en alguna ocasión. Con esta información confeccionamos un dossier, a todo detalle, que entregamos a cada uno de los componentes de la expedición.
Completar la documentación necesaria, comprar algo de equipo, completar los menús… ya estábamos cerrando el tema de preparación. Todo estaba en marcha.





















Plano de cordales que nos proporcionó el Grupo Excursionista Camp de Tarragona.

Jorge M., nuestro “hombre medicina” había conseguido la donación de un botiquín de campo que a su vez fue completando con accesorios y medicamentos que, como veréis más adelante, fueron a todas luces necesarios sobre el terreno.
El día 15 de Septiembre estaba todo el material embalado, en bidones, y cargado en “nuestra” furgoneta. Yo, y creo que todos, empecé a sentir el hormigueo en el cuerpo que se da cuando alguien se embarca hacia algo que desconoce. Había llegado la fecha de la partida y hasta ahora todo había salido a pedir de boca. A partir de este momento el que saliera bien la expedición era cuestión del grupo, Antonio N. y yo habíamos terminado nuestro trabajo en lo que a preparativos se refiere para que la expedición fuera un éxito.
A las 08,00 horas del lunes 16 de Septiembre  quedamos con el grupo en la estación de autobuses de Jaca, a la hora fijada estábamos en el punto de encuentro junto con algunos familiares y amigos que habían acudido a despedirnos. Ahora sí que se notaba el nerviosismo… risas, chistes, idas y venidas, besos y abrazos…ilusión ¡nos vamos!
El viaje por la península discurre entre los cánticos de Jorge M, chistes de Meñé y risas de todos. En el viaje lo pasamos verdaderamente bien, hasta llegar a Jerez en donde dimos varias vueltas a la ciudad buscando no sé qué bar donde Jorge M. se había comido un bocadillo cuando hizo el servicio militar. Después del “tour” por Jerez paramos a cenar y acto seguido pusimos rumbo a Algeciras donde, en una urbanización cercana al mar, tratamos de dormir un poco sin conseguirlo, los motivos: una tormenta, Charli, los ronquidos, el camión de la basura y uno de sus funcionarios que sintió un sumo interés por la salud de Alberto B. Como no había manera de pegar ojo recogimos los bártulos y nos dirigimos hacia el puerto de salida del ferry, nada más llegar un singular personaje se ofreció a timarnos en la venta de los tiques de embarque. Tras discutir con un ciudadano francés con muchísimos derechos  y sortear los innumerables bloques de hormigón que impedían el acceso directo al barco al fin conseguimos meter nuestros dos, la furgoneta y el 4 latas de Lali, vehículos en la panza de la nave.
El barco no es que fuera muy antiguo, pero sus baños sí que parecía que no se limpiaban hace años condensando en su interior un aroma nauseabundo. La travesía es un sinfín de “S” para justificar las 1.500 pts. por persona que cuesta la travesía. El día era bonito, los delfines acompañaban al barco y nosotros, soportando nuestro sueño, nos encontrábamos bien.
Para los que no habíamos salido de España, Marruecos supuso un choque impresionante, el recibimiento en la frontera fue una muestra de lo que nos esperaba más adelante.
El paso del control fronterizo fue la vacuna. Los polis de la frontera son dados a la mordida, desde el funcionario civil de control de pasaporte, al que tuvimos que obsequiar con 20 dírhams, hasta el último “currante” del paso fronterizo. Tuvimos que ir sonriendo y regalando pines a la vez que negábamos dinero, todo ello con el inconveniente de ir de una ventanilla a la otra y de esta a los vehículos, a pasar individualmente a recoger los pasaportes, a abrir los bidones, ante la negativa de darles pasta, a explicar para que queríamos los bastones de esquí etc.… el tramite “burocrático”  hizo que nos pusiéramos algo nerviosos y en ese momento Inés P., la más “tranquila”   del grupo, les “lanzo” unas sugerentes palabras  a través de la ventanilla. Noventa minutos después conseguimos pasar las tres barreras que nos separaban del territorio marroquí.
Nadie de nosotros esperaba un cambio tan “espectacular” y menos tan imprevisible y eso que se suponía que íbamos preparados para “contemplar ese carrusel de aromas y sensaciones” que nos habían dicho que era Marruecos y la verdad es que no habían exagerado ya que el “aroma” y la sensación de inseguridad hizo que cerráramos las ventanillas de los vehículos.
Las personas se hacinaban junto a la frontera, vendedores ambulantes, individuos que esperaban la noche para cruzar la frontera, taxistas “suicidas” y basura y suciedad, estas últimas un denominador común a lo largo de los 100 primeros kilómetros de nuestra ruta. Tratábamos de asimilar tan rápidamente como podíamos lo que estábamos contemplando: vacas famélicas, bolsas de basuras, mujeres cargadas con unos bultos inimaginables, niños y adultos vagando como si no tuvieran referencia, basuras sin bolsa, chabolas y casas humildes junto a chalets de lujo, basura a izquierda y derecha… lo único que no faltaba nunca era basura
Después de dejar atrás los primeros núcleos “urbanos” nos adentramos en un terreno evidentemente agrícola, aunque no había casas por ningún lado había personas transitando en los lugares más insospechados, las había al pie de la carretera, junto a enormes campos de soja, sentados junto a melonares que no tenían fin y todo sin seguir viendo una casa por los alrededores.
 Fiesta en Mohamedia
El principal cultivo en esta zona era de melones, que los mismos agricultores, ofrecen mediante vendedores, en pequeños puestos montados a pie de carretera, al lado de ellos pequeñas chozas que suponemos ocupan los vendedores mientras dura la temporada de esta cucurbitácea de la que además desayunan, comen y cenan, o al menos esa es la impresión que nos da pues los vemos comer a todas horas, y a la que no para de colocar y recolocar y de colgar y descolgar con objeto de interesar a algún cliente.
Cada pocos kilómetros aparecía en el arcén de la carretera un coche destrozado o quemado, aunque la estrecha carretera de dos carriles no ofrecía dificultad alguna para la conducción, las chatarras se alternaban con los puestos de melones, en un paisaje del más riguroso secano, salpicado por algún lejano olivar o encinar.
Tras pasar Chefchouen el paisaje va tornando al verde, estamos atravesando una vasta zona de regadío donde vemos  laborando a numerosas personas. Los núcleos de población parecen más limpios y los controles de policía van en aumento hasta convertirse prácticamente en un asedio, aunque los policías tienen muy claro a quien parar ¡¡… a sus paisanos ¡¡.
Al atravesar las ciudades vemos que las habitan tres grupos de personas diferenciadas entre sí: un primer grupo con sus chilabas barbas etc.… y sus mujeres totalmente ocultas bajo sus ropajes a excepción de los ojos, los tradicionales que acompañan a su vestuario con alguna prenda occidental y cuyas mujeres van con el cabello tapado y los más occidentalizados, que exteriormente visten como en cualquier ciudad de España.
Los coches que vimos destrozados con anterioridad eran como una señal indicadora de lo se avecinaba, en cuanto al tráfico se refiere, este es caótico sobre todo al cruzar por pueblos y ciudades, los conductores se comportan como verdaderos suicidas, nadie respeta  las señales, ni las normas, ni las líneas ya sean continuas o discontinuas, es la ley del más loco o del que tiene el vehículo más grande, semáforos sin sincronizar en los cruces, guardias que dan paso al mismo tiempo, camiones y autobuses que usan  las dos calzadas a la vez y once personas alucinando de lo que estaban viendo. Bueno once no diez porque Charli ha tomado las riendas de la situación y ha decidido comportarse al volante como un autentico magrebí. Todo parece controlado hasta que Inés P. decide que ella también quiere conducir hasta Marrakech y coge  los mandos de la furgoneta… silencio absoluto en el vehículo y todos mirando al frente hacia la luna delantera, nadie duerme tenemos adelantamientos emocionantes que hacen que tengamos un subidón de adrenalina todo ello salpicado de comentarios machistas, sin ánimo de herir, risas y cachondeos varios…Inés P impertérrita continua conduciendo hasta las proximidades de la capital donde otro especialista en “conducción marroquí” toma el relevo, Jorge M, para terror de los lugareños.
La aproximación  a Marrakech fue por la noche y aunque tan solo veíamos luces a lo lejos estas nos ayudaron a entender que nos encontrábamos ante una gran ciudad que se extendía a lo largo y ancho de una inmensa llanura.
Jorge M. conduce con gran desparpajo en el caos total de Marrakech, llegamos a una gran rotonda donde encontramos a un buen número de ciclistas y motociclistas que dan vueltas a la misma hasta encontrar lo que buscan: un coche lleno de turistas a los que ofrecer sus servicios como guía. A nuestra furgoneta se acerca un mozalbete, en una motocicleta de color rojo que parece recién sacada de la chatarrería, y que nos ofrece sus servicios por tan solo 30 dírhams diarios, unas 450 pts. Nosotros solo queremos llegar a encontrar el  hotel Sheraton alguna vez y descansar del largo viaje. El avispado chaval  nos lleva hasta la entrada no sin antes darnos algunas vueltas para tratar de convencernos de que contratar sus servicios ha sido lo mejor que nos podía pasar, de todas manera por simpatía y ganas se hizo merecedor de los dírhams que le dimos de propina.
Hotel Sheraton Marrakech.
Una de las muchas dudas que teníamos antes de emprender este viaje era la del alojamiento, de esta parte se encargo Montse A. y en su buen hacer delegamos y confiamos. En las reuniones previas a la expedición optamos por contratar en Marrakech hoteles de 5 estrellas y fue sin duda todo un acierto como pudimos comprobar in situ. Tanto el Sheraton como el Saffir son buenos hoteles, con unas entradas y recepciones tirando a lujosas, esplendidos jardines y piscina, personal impecablemente uniformado y amable, buena presentación en el buffet etc...Las habitaciones aunque aseadas no se corresponden con la categoría del hotel. Un 5 estrellas era un acierto, mismamente en uno de categoría inmediatamente inferior, y junto a la frontera con Ceuta, muchos de nosotros sufrimos en nuestras carnes el ataque, que con verdadero ensañamiento, planearon varias escuadrillas de mosquitos perfectamente entrenados para ello.
Interior del Sheraton.
De Marrakech salimos el día 18 en dirección a Asni dejando el bullicio de la gran ciudad. Poco a poco el paisaje va cambiando, los pueblos dan una imagen de humildad y siempre están junto a la franja de vegetación que marca el discurrir del río por el valle.
Llegamos al cruce donde nos tenemos que desviar hacia Imlil y decidimos hacer un alto para estirar las piernas…error en unos minutos nos vemos rodeados por vendedores ambulantes: pulseras, alfombras, bisutería variada nos son ofrecidas insistentemente, nos vemos obligados a refugiarnos a toda carrera en la furgoneta y arrancar con destino a Imlil, el Benasque del Atlas. Carretera asfaltada al dejar el cruce después pista de tierra, antes de llegar vemos algún núcleo de casas, coladas multicolor secándose junto a la ribera, acequias que son verdaderas obras de ingeniería, nogales y familias recogiendo fruta… y por fin llegamos a nuestro destino Imlil. Ahora comienza la verdadera aventura.
Charli,Manolo y Jorge con niños en Imlil.
Al llegar al centro del pueblo de Imlil los lugareños rodean los vehículos observándonos con sumo interés, de entre ellos se adelanta  Mohamed que nos ofrece en primera instancia todo lo que nosotros deseamos: cama, comida y mulos. A través de las casas y por una pista nos conduce hasta las inmediaciones de su casa-albergue. Aparcamos los vehículos, cogemos lo necesario para pernoctar y subimos pueblo arriba hasta su casa. El sentido comercial en este pueblo está sumamente desarrollado, están muy organizados con objeto de que nadie abuse de ellos. La parte de su casa donde nos alojo era más moderna que la que el ocupaba con su familia. El poblado es muy humilde y la mayoría de sus habitantes compartían vivienda con sus animales, estos en la parte baja donde las casas tenían normalmente cuadra y corral. El “festival de olores” hizo de nuevo acto de presencia. Numerosos chiquillos con la cara tiznada, grandes ojos y blanquísimos dientes jugaban junto al arroyo a la sombra de los nogales, junto a sus madres que aprovechaban una caída de agua para realizar la colada. No se nos escapaba nada esto era como la España de los años 30-40.
 
En casa de Mohamed.
El hogar de Mohamed lo constituían tres casas en dos niveles de altura más una cuadra con su correspondiente corral. Su núcleo familiar estaba formado por su mujer, cinco hijos y su hermano. En el corral una vaca, cabras, ovejas, pavos y un escandaloso gallo que se encargo de amargarnos el amanecer del día.
Yo que en esta época estaba empezando a descubrir nuevos “gustos” lo pase francamente mal a la hora de cenar no estaba acostumbrado a ver a nadie meter la mano en la perola para comer a “tuti dedi” el tajine (especie de guiso con patatas, zanahoria y algo de carne, años más tarde lo probé en casi todas sus variedades: de pollo, de pescado, vegetal etc.…). De postre como no…melón.
Montse A. recaudo el dinero del grupo y pago a Mohamed 120 dírhams por cabeza, el hombre se mostró un tanto extrañado de que fuera una mujer la que manejara los dineros del grupo. Después de  la cena nos retiramos a dormir.
Nos despertamos cuando le dio la gana al gallo, un aseo rápido y a desayunar: te a la menta, chapatis (la señora de Mohamed se levanto mucho antes para hacer el pan) mantequilla y mermelada.
Los acemileros llegaron puntuales situando al ganado junto a nuestros vehículos. Nosotros en estas estábamos bajando los bidones y empaquetando las mochilas para cargarlos en los mulos. Dámaso P. se puso en cabeza, mientras Antonio N. y Manolo I. bajaban al pueblo los vehículos para confiarlos al “vigilante oficial”.
Carga en Imlil.
 
La velocidad a la que sube el ganado, 600 mts/h aprox., el desnivel a salvar y un ligero mal entendido hicieron de la aproximación al CB. una dura marcha en la que acabamos bañados en sudor. Mientras los lugareños con los que nos cruzábamos parecían disfrutar, nosotros no lo estábamos pasando bien. Pasamos junto a los poblados de Tagardit y Around y junto a una especie de oratorio llamado Chamhorouch, caminamos por una pista mulera construida para llegar a las antiguas explotaciones mineras de Tizi n´Oragume. 
Instalando las duchas.
Nosotros llegamos hasta unos 200 metros antes del Refugio Louis Neltner, CAF, y allí instalamos nuestro campamento base, a una altitud de 3.200 metros, desde el cual acometeríamos la ascensión a las cimas programadas. La instalación de un buen toldo, el montaje de las tiendas, una duchita (llevábamos portátiles de tipo bolsa), ordenar la comida y los equipos, repartir y confeccionar la cena ocupan las horas que nos restan del día, de un día para olvidar.
 
Meñé en el campamento base.
El día 20 de Septiembre nos levantamos a las 05,00 horas para desayunar y seguidamente equiparnos con idea de salir a las 06,00 horas en dirección a los picos Ras (4.083 metros) y Timesguida (4.088 mts), montañas que hemos elegido en primer lugar por ser algo más bajas y sencillas que el resto de las que queremos ascender.
El día es estupendo, no hay nubes en el cielo, ni niebla en las montañas, está totalmente despejado y la temperatura es buena. El sendero gana altura rápidamente siguiendo prácticamente el cauce del arroyo. El grupo se ha dividido en dos partes una primera donde va la mayoría y otra donde vamos Lali, Montse A. y yo que vamos algo más lentos y a unos 150 metros del primer grupo, al alcanzar el collado se nos une Meñé. La vista desde el collado es fabulosa, hacia él SE se encuentra el vergel que rodea al lago de Ifni y más hacia el sur incontables horizontes se suceden en multitud de colores de tonos marrones, rojizos y ocres suaves. Tras un alto en el collado comenzamos a trepar por roca deshecha en dirección a la cima del Ras.
 
               Ascensión al Ras.
La subida es entretenida, amenizada por bromas, risas y fotografías, al acabar la cresta vemos la cima ya próxima, para una gran parte de los componentes de la expedición va a ser nuestro primer “4.000” y se nota en nuestras caras. Al llegar a los 4000 metros el grupo delantero se para, se vuelve hacia nosotros y nos obsequia con una “ola”, nos esperan y juntos celebramos el paso de la cota. Llegamos a la cima contentos y satisfechos. Fotografía de cima y nombramiento, rodilla en tierra, de “caballeros y damas de los 4000”  para los novatos por parte de los veteranos. 
 
Con Montse A y Antonio N.en la cima del Ras (4.083 metros)
El Timesguida también cae sin más problemas.
 
Cima del Timesguida (4.088 metros).
El paisaje es estupendo, las montañas magnificas, la segunda cima se nos ofrece redonda y sin dificultad. La jornada se ha desarrollado muy bien y de momento a nadie parece afectarle la altura. A Antonio le extraña este hecho y me lo comenta. Sin más iniciamos el descenso por el mismo itinerario, haciendo un alto a mitad de bajada para tomar algo e hidratarnos un poco, hasta llegar al campamento.
Lo que antes nos temíamos ahora está sucediendo, Meñé se pone a temblar como un flan, tiene una terrible diarrea lo que se une con atraso el mal de altura, no quiere beber, ni tomar nada, a pesar de los medicamentos que le ha suministrado Jorge y abrigarlo a tope no reacciona. Le doy cucharada a cucharada un caldito y al terminarlo Jorge le manda a dormir. Me están entrando dudas de si no va a ver más afectados en el grupo.
 
El Toubkal desde el Ras.
Son las cinco de la mañana del día 21 de Septiembre y hoy tenemos el pastel de la expedición. El Toubkal. Nadie se lo quiere perder y tan solo Meñé, que se encuentra algo mejor aunque se sigue marchado por la patilla abajo, se queda en el CB. Desayunamos nos equipamos y partimos en dirección al refugio y desde este por una fuerte cantalera alcanzamos un vallecito colgado, que nos hace pensar en la buenas esquiadas que debe tener en invierno, la subida es cómoda, como en el día anterior subo con Lali y Montse A. Todos alcanzamos el collado sin novedad y desde este optamos por subir por una sencilla cresta, aunque algo deshecha. Montse A. hoy va un poquito peor, pero como es dura de cabeza consigue llegar a la cima con todos. 
Con el grupo en la cima del Toubkal.
El pico más alto de Marruecos ya está en “la talega”. Jamón, lomo y cava que compartimos con un grupo de italianos de Andora. Bajamos más contentos que subimos por los efectos del cava. Alberto empieza a encontrarse mal. Coronamos la cimas del Toubkal S y del Tete n´Wanoums tras lo cual bajo para alcanzar a Alberto que había  descendido directamente desde el Toubkal. Nos alcanzan Charli y Jorge, juntos llegamos al campamento, el resto del grupo llega un poco más tarde.
Durante los días 20 y 21 alrededor de nuestro campamento se han levantado multitud de tiendas, es digno de observar la diversidad de gente que llega hasta la base del Toubkal: Moteros, “fumarras”, familias de franceses que van a “tuti plen” con haimas, alfombras y personal de servicio… por la noche resuenan los cánticos y los panderos dando un aire de película de aventuras al momento a lo que se une que durante estos dos días los atardeceres han sido espectaculares con la puesta de sol y la salida de la luna.
En cuanto a mí ya se me ha pasado el efecto de la “pájara” que cogí el día de la aproximación y salvo algún leve, y puntual, dolor de cabeza me encuentro francamente bien.
Hoy me he acercado hasta el refugio de Neltner, es un edificio antiguo de piedra y sin ventilación, sus alrededores llenos de basura y boñigas de los mulos que pastan a su alrededor y entre las tiendas de campaña. El guarda es marroquí, aunque el refugio pertenece al CAF. A la Toubkal viene bastante gente aunque la mayoría opta por las tiendas dadas las condiciones del refugio.
De charla tras la cena.
Para el día 22, el pico que vamos a ascender es el más duro de todos: el Biiguinnoussene. La cara del itinerario la pudimos ver ayer desde la cima del Toubkal y se nos antojo que la canal de acceso no se iba a dejar subir con facilidad. Montse A, con catarro, y  Manolo I., con diarrea y muy casado del día anterior, optan por quedarse en el campamento. La hora de salida la misma que en los días  anteriores, las 06,00 horas. Tal y como nos temíamos la canal por la que subimos tiene una pendiente bastante pronunciada y la senda a la que hacen referencia las pocas reseñas que tenemos casi no existe, tenemos trozos de trepada, tramos de cantalera, tramos de cardos y encima aguantamos a Meñé  que aun no recuperado del mal de estomago se empeña en recordárnoslo constantemente.
Después de dos horas de penosa subida alcanzamos el collado del Dedo de Tadat, la aguja tiene un bonito aspecto aunque cuanto más la miro más rota me parece. Desechamos la idea de escalarla. Bordeamos el Dedo de Tadat por el SE y tomamos en dirección al pico, la subida no se ve con claridad hay que trepar en algún tramo y la roca está muy descompuesta. Jorge pisa en una piedra suelta y esta pasa silbando junto a mi cabeza, es la tercera que me pasa cerca desde que hago montaña y gracias a Dios esta tampoco ha sido la vencida. Reunimos el grupo para evitar posible caída de piedras y accidentes. Alcanzamos la cima, besos y abrazos, fotos y una canción por los walkis dedicada a los que se han quedado en el CB, Inés P. dirige el coro que desafina como nunca había oído antes aunque la voluntad es buena y además es muy difícil cantar y descojonarse de risa a la vez.
 
Con Jorge e Ines en el Biiguinnoussene.
A la bajada Dámaso P y Charli intentan ascender al Dedo de Tadat ante la atenta mirada del grupo, el peligro de desprendimiento es fuerte y las cuerdas que hemos traído no son las adecuadas para esta práctica, optan por abandonar el intento y unas vez reunidos todos comenzamos el descenso al campamento. La opción es seguir los tramos de sendero reconocibles. La bajada es complicada y no exenta de cierto riesgo. La jornada dura algo más que los días anteriores. Llegamos al CB a las 14,30 horas y bajo un fuerte sol, el personal cansado pero contento.
Al llegar al campamento observamos que tenemos nuevos vecinos, es una pareja de Madrid, que como nosotros el primer día han llegado muy cansados y nos comentan “que no saben si van a poder ascender al Toubkal”. A la mañana siguiente optan por bajar a Imlil.
Después de la ducha comienzo a sentirme mal, ceno y me acuesto rápidamente creo que me he enfriado un poco. Mañana descansaré.
Jorge M. también esta acatarrado y se queda y Antonio N y Manolo I. acompañan un tramo al grupo y regresan al campamento. Los siete restantes consiguen hacer cima en el Akioud.
El día 24 nos damos vidilla y nos levantamos una hora más tarde, desayunamos y ante la “sorpresa” de todos vemos a Jorge M. e Inés P de la mano. Aunque ya lo esperábamos nos hace sonreír.

 
Cargando los mulos para el regreso a Imlil.
Recogemos el campamento cargamos las acémilas e iniciamos el descenso a Imlil. Esta vez con calma y entre los cánticos de los muleros y los cantos “patrióticos y regionales” del grupo. Dámaso y Lali van por delante, me uno a Manolo I. y bajamos dando caña a los muleros. Cuando llegamos nos están esperando Dámaso P y Lali junto a los vehículos, los han subido desde el pueblo hasta la casa de Mohamed para ganar tiempo. Esperamos al resto del grupo y cargamos el material.
Mohamed, su mujer e hija nos ofrecen un té y unas  nueces como despedida. Antonio N. intercambia con el dirección y teléfono. Fotografías de despedida y en marcha hacia Marrakech. Estamos deseando llegar, tomar un baño, beber una cerveza fresquita y sobre todo… ¡¡dormir en cama!!
Llegamos a Marrakech, Hotel Saffir, pasado el mediodía, tras la ducha a la piscina y tras la piscina la cervecita, en un entorno que parecía de cuento: la piscina con escaleras, el fondo de azulejo azul que invitaba al baño, tumbonas, palmeras etc… algunos optaron por ir al hamán (sauna y masaje), Lali a la peluquería y los más tras el baño a descansar a la habitación hasta la hora de la cena.
La cena tipo buffet con muchas y diferentes verduras, justo lo que nos apetecía. Cenamos muy, muy, bien. Ya se nos ha olvidado la entrada al hotel, sucios, cansados y con un olor especial.
Tras la cena tomamos un té y hablamos con el representante de la agencia que nos reservó los hoteles. Optamos por presentar varias alternativas al grupo y quedamos en que cada uno hiciera lo que le viniese en gana. Unos optan por visitar algún lugar concreto, ver un espectáculo típico y cenar, otros por visitar palacios, monumentos y hacer compras en el zoco.
Siete de nosotros hemos alquilado un vehículo y bajo supervisión de Hajdul, guía oficial, recorremos Marrakech, diferentes monumentos y lugares: La Menara, el Palacio de la Bella o Baia, la muralla exterior, una de las fábricas de tapices y alfombras y especial atención merece el mencionar la visita a la “Fabrica de Cueros”, no es un monumento, ni con mucho un lugar bonito pero sí que es impresionante y también que da para pensar al ver a los hombres metidos hasta las ingles en una especie de cubeta de hormigón  que contenían un líquido que despedía un olor nauseabundo y al decir nauseabundo tal vez me quedo corto, y en el que maceraban pieles recién desprendidas de los cuerpos de diferentes animales. El guía nos cuenta que empiezan a trabajar a las 05,00 horas. A la hora, mediodía, que realizamos la visita el calor y el olor hacían insoportable el lugar. Las hojas de menta que me introduje en la nariz hicieron su labor y no me puse tan malo como Montse A. y Meñé. Cuando regresábamos al hotel iba pensando en la suerte  que había tenido en la vida.
Jardines del hotel Saffir.
Al llegar al hotel a la ducha y a la piscina.
Hajdul nos viene a recoger a las 15,00 horas para llevarnos de visita por el zoco, es un tipo interesante, simpático y culto, va vestido con la tradicional chilaba, tez morena, bigote recortado y pelo ensortijado, su cara es ancha y su mirada inspira confianza. Nos cuenta curiosidades de su país, historia de sus gentes, en su opinión dice que ningún hombre quiera trabajar para que las generaciones venideras saquen beneficio de su trabajo (sic), que los pocos monumentos  que tienen de valor se están desmoronando por falta de  medios y cuidados. La Cotubia, La Muralla, no hay un monumento que esté en buenas condiciones. Mientras nos contaba esto un hombre defecaba apaciblemente junto a un olivo próximo a La Cotubia.
Nos bajamos de los vehículos y, como en otras ocasiones, nos vemos asaltados por numerosos vendedores de todo tipo de objetos, ofertando y diciéndonos ¿cuánto me das? Por la tarde  visitamos el zoco y la plaza de Jmad el Fnad.
El ambiente es brutal, gente por todas partes, calles estrechas tapadas por lonas, vendedores que te invitan a entrar en sus tiendas o que directamente te agarran y te meten a la fuerza, me fijo en Alberto esta en medio de cuatro hombres que le hablan a la vez. En cada comercio o tenderete la misma historia… a regatear, a ellos les encanta ver que nos creemos que hemos comprado barato…cueros, metales, especies, golosinas, mimbres, ropas, artesanía de madera, todo lo que se pueda imaginar se vende y se compra. Hajdul nos lleva a lo que sería “una farmacia naturista” o herbolario, nos pasan por la nariz seis potes con especias, nos venden lo que quieren y nos cobran lo que les da la gana. El que nos atiende es un autentico pirata, le hemos pillado embolsándose arte del dinero de la venta y a cambio de nuestro silencio nos ha regalado un montón de artículos.
Me acorde de lo que nos contó antes de venir nuestro amigo Mariano R. solo que al “carrusel de aromas y olores” había que sumarle el de sensaciones fuertes y difíciles de explicar.
La plaza de Jmad el Fnad, centro de la vida en Marrakech, la multitud va de un lado a otro constantemente, se divierte, come, bebe, compra, vende, alquila, cambia, se fotografía o escuchan embelesados a los “cuenta cuentos” en medio de las nubes que provocan los chiringuitos de carne asada. Vemos monos, serpientes y halcones, los aguadores vestidos con sus mejores galas se ofrecen a posar con los turistas por unos pocos dírhams.
Hajdul nos deja dar una vueltecita solos, Dámaso y Meñé se fotografían con unas cobras al cuello, Lali prefiere los monos y Montse y yo permanecemos espalda con espalda para que nadie nos cuelgue ningún animal del cuello. Antonio N. mientras  discute con un encantador de serpientes que opina que la propina que le ha dado es escasa.
Regresamos al hotel andando comentando las andanzas, el fuerte olor a estiércol al pasar por las murallas nos devuelve al mundo. Estamos cansados, ha sido un buen día.
Aun faltan dos días para llegar a casa y ya tenemos ganas.
El 27 de Septiembre abandonamos el hotel Saffir, nuestro pequeño paraíso, y ponemos rumbo a Sebta (Ceuta), comemos por el camino en una gasolinera al estilo de los locales, es decir sentados en la acera y al sol.
Comidita en el camino.
 Paramos en un hotel que exteriormente tiene buena pinta. Encargamos la cena, vemos que aquí no se tira nada de nada tan solo se le echa a la comida  más especias y se fríe o se cuece más y para adentro. Mejor no comentar la cena. Lo mejor fueron las  cervecitas.
A las 04,00 nos levantamos Jorge M. y yo para inyectarnos un antihistamínico a efectos de contrarrestar las múltiples picaduras de mosquito que llevamos en el cuerpo y la cara, Jorge M. nos inyecto buena dosis, justo me  dio tiempo a hacer los trámites de paso de aduana y quedarme dormido como un tronco en la furgoneta. No me entere ni del embarque, ni de que estaba en la bodega del ferry. Tan solo sé que cuando me desperté ya habíamos pasado la aduana de Algeciras y solo lo hice para volver a quedarme dormido durante dos o tres horas más. Cuando necesite dormir me inyectaré antihistamínicos nada de pastillitas.
Por lo  demás turnos de conducción, cachondeo etc… hasta llegar a Jaca, reparto de personal  y llegada  a casa.
La experiencia llego a sus fin, creo que todos salimos satisfechos de ella, unos hemos aprendido a ser más tolerantes, otros a sufrir para lograr lo que querían, otros se han enamorado… en fin todos hemos tenido nuestro pequeño premio.
Jaca, a 09 de Octubre de 1996

En memoria de  Miguel Ángel P. "Meñé"  (D.E.P).

PD. A Marruecos volví en 2006 con Lourdes y varios amigos, comí todos los tajines que encontré y les cogí el gustillo... pero esto es otra historia.
   
Con Lourdes en 2006.

!Ah¡ se me olvidaba : Ines y Jorge se casaron y a día de hoy son felices junto con sus hijos en un país del norte de Europa.

Cuadro de Tiempos
19-SEP-96
Salida de Imlil-07,35 horas
Llegada al Refugio-10,20 horas.

20-SEP-96
CB  Refugio-06,20 horas
Collado Oueagane-08,05 horas
Parada-08,35 horas
Cima del Ras 4089-09,40 horas
Parada-10,20 horas
Cima Timesguida 4088-10,40 horas
Parada-11,30 horas
Alto comida-12,45 a 13,30 horas
CB Refugio-12,40 horas

21-SEP-96
CB-06,10 horas
Parada-07,15 horas
Collado Toubkal-08,35 horas
Cima Toubkal 4167-09,40 horas
Cima del Toubkal W 4030-11,30 horas
Cima Téte d´Wanoums 4100-11,45 horas
CB-14,10 horas

22-SEP-96
CB-.06,05 horas
Parada-07,05 horas
Collado Dedo de Tadat-08,25 horas
Cima Biiguinnoussene 4002-09,30 horas
Collado Dedo de Tadat-11,20 horas
CB-14,30 horas

23-SEP-96
CB-06,15 horas
Parada-07,50 horas
Cima del Akioud 4030-09,30 horas
CB-12,30 horas

24-SEP-96
Salida CB-08,00 horas
Llegada a Imlil-10,00 horas






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