miércoles, 1 de febrero de 2017

C-3º VOLCÁN TUPUNGATO 1998 - ANDES DE CHILE

CAMPO 2 LA SITUACIÓN EMPEORA
Cuando la azafata me pidió cuatro dólares USA por dos botellines de JB, me vi regresando a España sin un dólar en el bolsillo. A pequeños tragos y observando cómo se derretían los cubitos de hielo fui recordando los días y momentos pasados, unos buenos y otros no tanto, momentos que habrán ocupado para siempre una pequeña parte de mi baúl de recuerdos.
Al final de la segunda película, que ponen durante el vuelo, he “caído” y dado clarísimamente cuenta de que efectivamente me han esquilmado hasta el último céntimo de mi cartera o mejor he cambiado hasta el último céntimo por multitud de experiencias, si vamos a tomarlo de esta manera me llevo a Jaca la vivencia del viaje.
Ya en mi casa, acomodado en el sofá y al calor del radiador es difícil encontrarse mal y sin embargo cuando recuerdo la noche del temporal, en la que no pudimos pegar ojo con una temperatura de -20º en el interior de la tienda, con un viento agobiadamente violento en el exterior no puedo sujetarme las manos para evitar que se froten entre ellas. ¿Valieron la pena esas angustiosa horas que pasamos allá arriba tratando de no congelarnos?...Si
Todo en nuestro viaje no fue bueno pero tampoco puedo decir que haya sido malo o negativo. Hubo fallos pero no fallos colectivos. La organización, la convivencia, la coordinación, los horarios, la alimentación etc.… eran demasiados factores para que los componentes de un grupo tan numeroso como el nuestro fueran al unísono y sin errores, si hubiese sido así hubiésemos tocado el cielo o por decirlo de otra manera hubiésemos conseguido la cima.
Pero empecemos la historia por el principio o mejor mucho antes de nuestra partida. Durante todo el año estuvimos haciendo reuniones, tal vez demasiadas, cenas, pases de diapositivas etc... Todo esto a la hora de la verdad tampoco sirvió para mucho, porque una vez sobre el terreno parece ser que cada uno llevaba su idea. Llegados a este punto y sin haber concretado nada: ni cordadas, ni equipos, ni planes, ni jefe para los mementos duros, que los hubo, salimos de Jaca la mañana del 2 de Noviembre de 1998 con un montón de equipaje y dos petates llenos de dudas. Nos despedimos de nuestras familias, de amigos y de algún periodista que se ha acercado a hacer alguna fotografía para sus periódicos.
Ya en camino fuimos parados, pasado Almudevar, por la Guardia Civil de Tráfico, nuestro conductor una andaluz, regordete y espabilado, que trató de hacerse el gracioso durante todo el trayecto, había cometido no sé cuántas infracciones juntas al salir de la autovía  a la nacional y en vez de tratar el tema  civilizadamente  con los guardias los amenazo con malas trazas. Multazo que te crió.
El viaje lo dedicamos a leer y dormir hasta llegar a Barajas. El desembarco de nuestro equipaje fue espectacular: diez carros llenos de enormes bolsas, mochilas, maletas, petates y bidones perfectamente colocados llamaban la atención de quien pasaba junto a nosotros. Teníamos nuestras dudas a la hora del embarque. Las dos azafatas que controlaron los pesos se portaron bien y pasamos el trámite sin problemas.
Doce largas horas de avión son un suplicio si vas en clase turista, los asientos estrechos y la distancia con el asiento de adelante  demasiado corta hacen que al cabo de un par de horas no pares de moverte… lo que te permite el espacio que ocupas. En cambio la comida ha mejorado bastante desde la última vez que volé.
Durante el viaje repaso la preparación y también me hago diferentes preguntas ¿Cómo encontraríamos Chile? ¿Influiría en nuestra expedición la situación política? ¿Nos afectaría a nosotros por nuestra condición de españoles? ¿Estaría firmado el permiso para acceder a la zona de la expedición? ¿Qué porque me hacia todas estas preguntas?... Porque  el juez Garzón acababa de empapelar a Pinochet.
               
                                  LA PRENSA DE LA FECHA
¿Cómo sería nuestra montaña? Esto lo descubriríamos enseguida. Tras cruzar territorio argentino vemos por las ventanillas del avión la cordillera de los Andes y pasamos justo al N del volcán Tupungato y nuestra sensación fue que parecía el padre de todas las montañas de la zona, las superaba en altura, en anchura y… en todo. La ladera N estaba cubierta de nieve, a sus alrededores amplios valles y zonas donde la tierra presentaba diferentes colores y tonos: rojos, grises, ocres y marrones. El paisaje que veíamos desde los ocho mil metros de altura era áspero, árido y seco con cimas que sobrepasaban los cuatro mil y los cinco mil metros. Había montañas para aburrir, hacia el norte y hacia el sur, no sabíamos dónde mirar. El Pirineo al lado de esta cordillera es casi una miniatura. Trate de imaginarme como sería el Himalaya… y tiene que ser la repera.
Una hora después de la visión aterrizamos, suavemente por cierto, en el Aeropuerto de Santiago de Chile, bajamos de nuestro avión, el “Santa Teresa de Jesús”. Pasamos el control de pasaportes, nos sellan la entrada, pasamos por el control de equipajes…apenas un par de preguntas del funcionario de turno y … por fin dentro.
En el aeropuerto nos estaban esperando Jorge, un compañero de oficio, su mujer y Vicente el encargado de GEOECOVISIÓN. A la salida el bus de la agencia. Todo va bien de momento.
Entre el coche de Jorge y el bus nos repartimos para llegar hasta el centro de Santiago, cerca de la plaza de Italia,  tras callejear unos minutos llegamos a nuestro ¿hotel? La agencia ECOVISIÓN había echado el resto  y había conseguido un alojamiento de lo más cutre. El caos circulatorio es bestial aquí echan carreras hasta los autobuses públicos me recuerda al de Marrakech de hace un par de años.
Si en Barajas nuestro equipaje llamó la atención del personal, el desembarco en el hotel fue la repera pues no en vano con nuestros bultos habíamos ocupado los bajos de un autobús de sesenta plazas con solo el equipaje de trece personas. Nos alojamos de las siguiente forma: Esther, Mamen e Izaskun, Pilar y Carlos, el Doc. Roberto y Cristina, Nemesio, Dámaso e Iñaki, Antonio, Rafa y yo. Dejados los bultos en las habitaciones bajamos a la recepción para reunirnos con Vicente.
HOTEL BALEARES
 Primer palo: el permiso de tránsito por la zona fronteriza donde se encuentra el Tupungato no está concedido. Vicente aún estaba en tratos con la administración para conseguir la firma. Nos ofrece a cambiar el Tupungato por el San José a lo que contestamos negativamente. Deberíamos haber presionado en este punto a la agencia, ahora ya era tarde. Vamos a cenar a un restaurante próximo al hotel y después de cenar me “suministro” un par de pisco sour, buenísimos. Al llegar a mi habitación me fijo en el techo, hay incontables mosquitos aplastados contra él. Me temo lo peor, mi esperanza de pasar una buena noche decrece por momentos. Pienso en la noche que han tenido que pasar los anteriores ocupantes toalla en ristre batallando sin cuartel contra los alados chupasangres. Duermo de tirón.
En las cartas de los restaurantes de Santiago abundan los nombres curiosos: Chacareros, Diplomáticos, Vaca Palta, Barros Jarpa, Barros Lucos etc…así que pido con la ignorancia del “guiri” y como con la desconfianza de un invitado a casa de los Borgia.
Sigo pensando sobre la conveniencia de presentarnos en la Embajada de España.
Recibimos en el hotelito a José un compañero de Antonio en las campañas antárticas.
Después de la visita nos vamos a comer al centro de Santiago, optamos por el restaurante “El novillero” un buenísimo restaurante en el que por poco más de cinco mil pesetas comemos como auténticos señores. Observamos que en las mesas hay banderitas que indican la nacionalidad de los comensales, por motivos obvios en la nuestra no ponen, no está el horno para bollos. El pisco sour con el que abrimos la comida el mejor que hemos probado hasta ahora.
Habíamos calculado unas 2.500 pts. o lo que es lo mismo 7.500 pesos para hacer las dos comidas que no están incluidas en el precio del hotel, el desayuno sí que estaba incluido.
Después de comer paseamos por el centro de la ciudad para tratar de hacer la digestión del atracón de carne que nos metimos. Visitamos La Casa de la Moneda, rodeada por un fuerte dispositivo policial, contemplando en los edificios colindantes los taponados agujeros producidos por los proyectiles lanzados durante el golpe de estado que supuso la implantación del régimen de Pinochet.
Por la tarde regresamos al hotel. Acabamos de solucionar el tema de la alimentación y los cartuchos de gas. Compramos embutido y alguna “chuche” en el supermercado EKONO próximo al hotel. Al pagar nos ofrecen un “estudiante” para llevar el carro de la compra hasta el hotel, le damos 1.000 pesos de propina y se va más contento que “Chupilla”.
Por la tarde nos reunimos en el recibidor para hacer un sondeo entre el grupo, dada la situación en que nos encontramos. Hablamos sobre la posibilidad de variar la altura de los campamentos, de variar los días y marchas de aclimatación y decidimos ir mañana a Cerro Plomo para empezar a aclimatar. Hay cierta desconfianza con el programa que traíamos y alguno tampoco cree a Jose y Jorge cuando nos indicaron que los días programados para aclimatar eran suficientes. No sé si esto va a salir bien.
Amanece el día 5 de Noviembre, desayunamos y no ponemos en marcha, autobús,  en dirección a San Felipe el pueblo donde vive Jorge. Vive en un chalecito prefabricado, del que está sumamente orgulloso, con un jardín de 2x3 mts. Es un privilegiado en un país en donde la mayoría no puede tener casa en propiedad y donde abundan las chabolas en las periferias de las ciudades.
Hoy Jorge ha tirado la casa por la ventana, en la mesa no falta de nada, a una grandísima churrascada la acompañan numerosos entrantes y guarniciones, buen vino y postre. Estamos hartos y agradecidos. Después de comer nos vamos a visitar la Escuela Militar de Montaña y la Estación de Esquí del Portillo. Sin bajarnos del coche nos situamos a 3.400 mts. De altitud.
Vamos en el coche de Jorge, una ranchera familiar. Él viaja dura algo más de una hora pero como vamos “rellenos” se hace bastante incómodo. Primero vamos a la estación de esquí y a la bajada visitamos la Escuela Militar de Montaña para saludar a un antiguo alumno del Curso de Montaña español. El hombre nos había preparado una merienda a la que no pudimos hacerle aprecio ya que no nos cabía en el estómago ni un solo bocado, lo único que queríamos era agua para bañar la “carnaza”.
Tras despedirnos de Jorge y su familia tomamos el autobús de regreso a Santiago. Llegamos al hotelito al anochecer, nos está esperando Vicente para confirmarnos que el permiso para acceder al Valle Colorado está autorizado. Al fin una buena noticia.
¡¡Agua por favor que el animal que me he comido tiene sed!!
A dormir mañana más.
Día 6 de Noviembre, hoy tenemos que preparar el equipaje para partir a la montaña. Después de levantarme y desayunar escribo un par de postales una a mi familia de Madrid y otra a los compañeros de trabajo. Hoy nos dividimos en dos grupos, la mayoría se marchan a la estación de esquí de Los Farallones  situada en la zona del Cerro Plomo para andar un rato sobre los 4000 metros. Antonio, Dámaso  y yo nos quedamos a esperar  a Vicente, como tarda nos vamos al bar “La Terraza, que a estas alturas se ha convertido en nuestra sala de espera habitual. Dos tipos muy trajeados se sientan en la mesa contigua, justo detrás de Dámaso, al ir a pagar la cuenta Dámaso nota la falta de su cartera y vemos que los dos sujetos han desaparecido. Conclusión le han robado la cartera del bolso. Nos vamos al hotel, después de cenar retocamos el equipaje. Y como última acción del día, antes de ir a dormir, llamo a casa para hablar  para hablar con Lourdes, mi mujer, antes de partir a la montaña.
Día 7 de Noviembre, madrugamos algo más que los días anteriores, me ducho, hasta dentro de trece días no sabré lo que es una ducha en condiciones. A las 09,00 horas aparece el autobús, lo conduce el mismo chófer que nos trajo del aeropuerto. Cargamos lo equipos, bidones y demás y nos ponemos en marcha… ¡que ganas tenia!
Vamos camino del cajón del Maipo, un inmenso valle de más de 130 kms. En su principio es amplio para cerrarse según  nos vamos adentrando en él. La carretera va ascendiendo por su lado orográfico izquierdo, el paisaje, con enormes cactus en flor, recuerda al del oeste americano. Por la parte donde está situada la carretera se ven casetones en madera y a nuestra derecha un profundo terraplén pone emoción al camino. La carretera va ascendiendo hasta llegar al pueblecito de Chacayar donde, si Dios quiere, pasaremos el último control policial, el último trámite, la última barrera, la última zancadilla que nos pone cualquier funcionario, policía u organismo. Llegar, solo llegar, a esta montaña está siendo un verdadero suplicio. Estamos hasta el gorro de la burocracia de este país.
Llegamos a la barrera: control de pasaportes, documento de pase y se levanta el trozo de metal y pasamos al otro lado…por fin.
EL ALFALFAL
El autobús transita por pista unos 25 km más allá del puesto de control hasta llegar a la zona de El Alfalfal. Un cercado contiene a las acémilas que esperan nuestra llegada. Los acemileros están ultimando la “puesta a punto” de las herraduras de algún mulo. Poco después comienzan a embastar y cargar a primera vista da la impresión de ser algo lentos y desordenados. Dos horas y media después nos ponemos en marcha.
Los animales no llevan conductor, van formando una reata siguiendo a una mula con cencerro a la que los arrieros llaman “La Madrina”. Arrieros y cocineros van en sus monturas, ya sean yeguas o mulos. No hemos andado ni 500 metros y ha caído la primera carga al suelo. La primera parada de las muchas que nos quedaban.
El sendero va trazado en la margen izquierda del río Colorado, sus tramos incluyen delicados pasos por inestables laderas con vertientes de muchos metros hacia el río.
Divisamos el Pan de Azucara, montaña característica que tiene a sus pies la zona de acampada llamada Baños Azules donde nos habían dicho que había pozas con aguas termales. Ni poza, ni aguas termales, ni nada…nuestro gozo en un pozo.
¡¡QUE NO ANDO MÁS ALA!!
Hemos caminado 4 horas y perdido otras cuatro en paradas, altos para recoger cargas caídas etc…la fila de ganado se ha alargado un montón de metros. Los arrieros echan en falta una mula y la carga que lleva esta entre otras cosas contenía los sacos de dormir de Dámaso, Rafael e Izaskun. Hernán el jefe de la columna de ganado va a buscarla y regresa varias horas después sin haberla encontrado. La  consecuencia es que Izaskun duerme en un saco de repuesto que le presta Carlos y que Rafael y Dámaso pasan la “noche del loro”, uno se mete, en parte, en un petate y el otro hace lo que puede para no pasar demasiado frío.
Jorge, el cocinero, aun no siendo un dechado de virtudes en cuanto a higiene se refiere, parece un tipo apañado. Pero mejor no mirar el tema de cocina.
Para los arrieros es la primera salida de este año y la verdad es que se nota.
Montamos las tiendas casi sin luz, cenamos algo y al saco, el que lo tenga. Duermo fatal, estamos acampados en una zona situada  a tan solo 2300 metros de altitud pero es un lugar de puna y se nota que el oxígeno no es tan abundante como debiera ser a esta altura. No quiero tomar ninguna pastilla y como consecuencia no pego ojo. Que se le va a hacer.
Día 8 de Noviembre, se repite la historia de ayer, tardamos más de cuatro horas en ponernos en marcha. Durante la noche se han escapado varias mulas y han ido a buscarlas. Cuando estaban todas han empezado a embastar y cargar con la parsimonia acostumbrada. Aquí no existe la prisa y lo tendremos que asumir.
Un grupo se adelanta algo, me quedo para organizar la carga, que esta vez va a ir en dos reatas, indicándoles el material  que tiene que ir en la primera columna. No quiero que pase lo de ayer.
 EL RÍO AZUFRE
Vamos perdiendo tiempo con una ligereza que no puedo comprender.
Por fin nos ponemos en camino adentrándonos en el Cajón, atravesamos dos riachuelos, el ultimo el Azufre, subimos una corta y fuerte ladera y al descrestar aparece una inmensa llanura. Aquí todo es a lo grande. No se ve a nadie en kilómetros. Las montañas que encajonan al valle pasan de los 4.000 metros de altitud. Aparecen grupos de cóndores y nos paramos a observarlos. El valle, que parece no tener final, es casi llano, la vegetación es de monte bajo, en rara ocasión supera la altura de la rodilla, lo que más abunda son unas matas parecidas al romero. 
CAMPAMENTO EN BAÑOS AZULES
El terreno de color marrón-rojizo salpicado con algunas formaciones basálticas. Caminamos y caminamos sin apenas ganas altura. A nuestra izquierda aparecen entradas a valles colgados  que presentan en su final picos cargados de nieve, el paisaje por este lado se asemeja en algo al de Alpes. A nuestra derecha las montañas están más próximas y sus tonalidades van desde tonos ocres a rojos oscuros y en sus cimas ni un solo copo de nieve.
 Llegamos a una empalizada cuyas estacas descansan en el suelo, las ponen en pie cuando comienza la temporada de pastoreo, dentro de unos pocos días. Los pastores aún no han traidor sus rebaños a la zona, nosotros somos los primeros y tenemos el honor de “abrir ruta”. El sendero gira hacia nuestra derecha, salvamos un desnivel y ante nosotros… el Tupungato. Es bonito, muy bonito.
A toda prisa para aprovechar las últimas luces del día montamos el 2º campamento de aproximación. Una vez montadas las tiendas contemplamos el Tupungato al que los anaranjados los rayos de sol le hacen parecer aún más atractivo. Hacemos una aguada, a cenar y a dormir. Antes de entrar en la tienda echo un último vistazo a la montaña. Creo que dormiré bien, estoy bastante cansado, anoche no pegue ojo y además la jornada de hoy ha sido dura. Ya en el saco Antonio toma ventaja y me obsequia con una gama de sus más variados ronquidos, mala suerte otra noche será la mía.
    CAMPAMENTO EN MAL PASO
Día 9 de Noviembre, amanece un día espectacular. Hoy es el cumpleaños de Esther, a la que hemos bautizado como “Esterilla”, al salir de su tienda le cantamos en grupo “el cumpleaños feliz”. “La Madrina” ha parido esta noche y el potrillo, según un arriero, no se encuentra bien, se ha debido golpear con alguna piedra al salir de la madre. Izaskun que ejerce de enfermera retira los restos de placenta ante las curiosas miradas de unos y las escrupulosas de otros, entre los que me incluyo. Muchas fotografías.


EL POTRILLO RECIÉN NACIDO
Dámaso y Antonio ya han salido al objeto de reconocer el “Mal Paso”, única dificultad que nos separa del Campo de la Vega de Los Flojos a 3.200 metros de altitud.
Los acemileros tienen que hacer dos viajes, el primero para portear toda la impedimenta que tenemos aquí y el segundo para bajar hasta Baños Azules y recoger todo lo que habíamos dejado allí ayer.
CAMPAMENTO EN LA VEGA DE LOS FLOJOS
Al alcanzar los 3.200 metros de los arrieros no quieren continuar. Teníamos pensado que nos llevaran la carga hasta los 3.800 o 4.000 metros así que antes de empezar la ascensión ya tenemos un día perdido. Acampamos en la Vega de Los Flojos, frente a la Sierra Polleritas. Aunque en este lugar sopla bastante viento al menos tenemos agua a mano. Hoy nos sobra tiempo así que después de montar el campamento me cojo mi toalla y me voy a tomar un baño completo por el método de “las tres flexiones” en las heladas aguas del cercano arroyo. Después a comer y a preparar el porteo para el día siguiente. Dos acemileros han bajado a Baños Calientes a por el material que habían dejado allí, al regresar nos cuentan que el potrillo no ha sobrevivido a la noche. Hoy me encuentro bien, los síntomas de catarro han desaparecido.
Hernán “El Jefe” muestra un gran interés por saber de España, nos pregunta por nuestras costumbres, por los Pirineos etc… no en vano es el más espabilado de los suyos y… hablando hablando nos cuenta que Vicente le había contratado solo 8 caballerías de ahí los problemas que estamos teniendo y que el por su cuenta había añadido 2 más. Así que nos quedamos sin saber quién es el que miente si “El Jefe” o Vicente “El Bocas”.
EL MÁS VETERANO DE LOS ARRIEROS
Hemos visto una escuadra de carabineros a caballo se acercan y nos comentan que han subido con sus monturas hasta los 4.000 metros y que a partir de esa altura ya hay neveros.
Todos estamos impacientes por tener todo nuestro equipaje a mano, algo que desde que salimos de Potrero Nuevo no hemos conseguido. Queremos llegar cuanto antes a nuestro Campo Base Avanzado (CBA) en el Estero del río Tupungato a 3.800 metros de altitud con la idea de iniciar los porteos al I Campamento de Altura. Vamos justos de tiempo. Desechamos la idea de ascender al Tupungatito, nos pilla algo a desmano.
EL ESTERO DEL TUPUNGATO
Hernán nos ha prometido que mañana tendremos todos nuestros bultos. No me lo voy a creer.
Antes de cenar me doy un paseíto pensando en lo que he visto en Santiago de Chile. Jorge nos había comentado que los hombres se “trajean” mucho porque al ir bien vestidos adquieren cierto “derecho” a ser bien tratado  en restaurantes, comercios y bancos. Me sonrió al acordarme de que a la Lotería le llaman “La Polla”… así que tiene que ser gracioso oírle decir que les ha tocado…la lotería. Además a la quiniela la llaman “La Polla Gol” y los boletos de rascar son “Los raspes de la Polla”.

A la calle Ahumada, la principal de Santiago, la rodean larguísimas avenidas que acogen un tráfico caótico, los autobuses urbanos, de color amarillo, imponen la ley del más grande y da miedo verlos circular. No le van muy lejos los taxis a la hora de sembrar el terror. Da miedo salirse de la acera. La ciudad está dominada por dos pequeñas colinas, convertidas en parques públicos, en las que puedes pasear durante el día pero jamás a partir del atardecer a menos que quieras que te atraquen. La zona “bien” de la ciudad está situada al sur. La tensión política apenas la hemos notado, la gente  tiene bastante en conseguir la “plata” necesaria para vivir. En la periferia de la ciudad las casas son más humildes, casitas prefabricadas o chabolas más o menos apañadas ocupan grandes extensiones. Y al lado sin más urbanizaciones privadas, campos de golf, chalets, clubes de hípica… país de contraste.
Me he quedado helado escribiendo. Al volver al campamento tanteo al personal y compruebo que hay gente que ha comenzado a tomar aspirina.
La noche ha sido un infierno para mí, el dolor de cabeza no me ha dejado dormir.
La mañana del 10 de Noviembre no la tengo muy clara, me he levantado rematadamente jodido pero a la vez estoy contento porque vamos a instalar el CBA. 
El día es buenísimo, nos ponemos en marcha, tenemos que recorrer una llanura de cantos rodados. Progresamos a paso tranquilo, charlando en pequeños grupos formando una larga columna. Un giro a la derecha para sortear un espolón y otro llano de rodados. Me uno a Rafael, nos separamos del resto caminando por la margen derecha del río, entramos en un nevero pasamos los 3.800 metros de altitud y continuamos ascendiendo hasta los 4.000 mts. Rafael era la primera vez que superaba “los cuatro mil”, chocamos la mano y descendemos hasta donde se encontraban los demás. Llevamos los pies empapados, nos cambiamos de calzado y calcetines.
Mientras el grupo asciende hasta los 4.000 metros en dirección al Tupungato, organizamos la comida de hoy y después junto a Carlos y Pilar marcamos un senderito hasta el río, hacemos un porteo de agua y nos tiramos encima de los petates cansados como perros. El día no da para más y yo tampoco.
Pilar se empieza  encontrar mal y va a peor, una manzanilla y paracetamol es su cena. Parece que va a ser la primera víctima de la altura.
Cenamos muy bien. Mañana intentaremos de alcanzar los 4.900 metros de altitud. La meteo está siendo generosa con nosotros y, a pesar del frío de por las tardes, nos está regalando un día de sol tras otro.
Salvo Pilar todos estamos bien. Jorge “El Bocas” ha llamado para anunciar su visita para pasado mañana.
El día 11 amanece radiante, después de pasar una buena noche en la que, por fin, he conseguido dormir un montón de horas de un tirón. Salimos caminando con objeto de ascender al collado. Vamos todo el grupo a excepción de Mamen, que ha pasado mala noche, y Pilar que no se ha recuperado. Como ya es habitual nos separamos lo que trae la primera equivocación: dejamos los depósitos de material a más de 1 km de distancia uno de otro. La descoordinación ha sido total. Nadie dice nada.
El grupo en el que me encontraba ha pasado por zonas de “penitentes” que a primera hora estaban duran y que al descender al mediodía estaban en cambio demasiado blandas hundiéndonos en algún caso hasta la cintura. Por lo demás veo que cada cual va a su bolo, tendremos suerte si esto sale bien. Lo único que decidimos en consenso es que mañana  trataremos de subir al Campo 1: alimentos, sacos de dormir, infiernillos, material y comida y que tras el porteo volveremos a bajar al CBA.
                                         HACIA EL C-1
El día ha sido duro, hemos ascendido 1000 metros de desnivel positivo y caminado durante 8 horas cargados a tope.
Los atardeceres son una maravilla y, por fin, el Tupungato se ha despojado de la nubecilla que ha cubierto su cima durante todos estos días. La meteo continua estable.
Ceno, bebo y duermo muy bien.
Amanece un soleado día 12, tras desayunar selecciono con Neme la comida que hemos de portear, llevaremos para tres días y en abundancia. Cargamos las mochilas y nos ponemos en marcha hacia el collado y tras este al C1.

Dámaso y yo vaciamos nuestras mochilas en el C1 y bajamos a recoger el material del día anterior. Tras cargar a tope las mochilas, calculamos que llevamos unos 30 a 35 kg, nos encaminamos al C1. No damos más de 25 pasos sin parar a recuperar el aliento. Al llegar al C1 lo primero que hago es sentarme y relajar mi castigada espalda.
Hoy hemos subido hasta los 4.900 metros y nos encontramos mejor, el personal baja charlando animadamente.
CAMPO DE PENITENTES JUNTO AL C1
Pilar continua en el CB, aún no se encuentra bien. Ha tratado de subir  pero no ha podido. El doctor la ha vuelto a medicar.
Al llegar al CBA y después de ordenar el porteo del día siguiente y la comida he bajado a bañarme al río. Es fuerte bañarse en aguas de glaciar a 4.000 metros de altitud y con brisilla pero ha merecido la pena, me he quedado como un niño.
El grupo está más unido o al menos eso me parece a mí, después de cenar y como la temperatura era buena nos hemos quedado a charlar un rato.
Esta mañana sobre los 4.700 metros hemos encontrado un bidón, lo que significa que la ruta que hemos seguido es la correcta, conclusión el bidón lo han subido allí con caballerías lo que me hace pensar que otros grupos no han trabajado el porteo tanto como el nuestro.
Esta noche pasada he dormido estupendamente, estoy aclimatado y me encuentro muy bien.
Al bajar al CBA hemos tenido un “rifirrafe”, sin más importancia.
Después de cenar he preparado un reconfortante orujo con miel hoy nos lo hemos merecido y sienta muy bien antes de meterse al saco pero antes hemos hablado y decidido de subir mañana al C1 a dormir.
Mientras escribo en mi tienda los… de Dámaso y Nemesio han zarandeado mi tienda, parece que están de buen humor. Después de escribir en el cuaderno de “bitácora” miro los test que nos ha dado el doctor para rellenar y decido no cumplimentarlos hoy. Mañana será otro día.
Mientras me duermo y no pienso que todos los días la cima del Tupungato se cubre con nubes de ventisca sobre las 15,00 horas.
Como los días anteriores el 13 de Noviembre amanece totalmente despejado, no aprovechamos esta favorable circunstancia y cada día salimos con un poco más de retraso. Son las 10,30 horas cuando empezamos a caminar.
Pilar y Mamen se ha bajado hacia la Vega acompañadas por Carlos. Para ellos ya se ha terminado la expedición.
Subimos con la mochila a tope. Alguien se muestra disconforme con la comida que vemos a subir y no está de acuerdo en portear lo que no le gusta. No entiendo esta postura.  El grupo como el resto de los días se ha dividido.
Hemos cenado en las tiendas, en la nuestra lentejitas y “papilla” de chocolate multiproteica que la verdad sea dicha no estaba muy buena recién hecha pero que estaba aún peor cuando se enfrió, con lo mala que estaba debe de alimentar un montón.
Mañana subiremos comida y material al C2.Aun con los fallos de coordinación que estamos teniendo las cosas van saliendo bien.
El día 14 salimos hacia el C2 porteando un día completo de comida para dos personas cada uno, dos cargas de butano, cuerda auxiliar y el equipo individual. Hace bastante frio y el porteo se hace duro. El viento comienza a tomar fuerza a los 5.000 metros. Nemesio y yo porteamos hasta los 5.800 metros, que era lo previsto, y dejamos el depósito a cubierto bajo una gran roca. El resto según se van encontrando mal van dejando depósitos  entre los 5.500 y los 5.700 metros. Estamos muy cansados y pensamos en agrupar los depósitos el día siguiente.
Me encuentro como una moto, después de dejar el depósito a 5.800 metros he continuado subiendo para ver el corredor, en forma de “Y”, que nos separa de la ante cima. A los 6.000 metros me he sentado en una roca a descansar un rato y contemplar el paisaje que tenía alrededor. Bajo y me reúno con Nemesio y charlamos sobre el tramo de terreno  que nos quedaba por recorrer. Nos las prometemos muy felices. Recogemos nuestras mochilas y bajamos al C1. 
LAS CHICAS EN EL C1
Cuando llegamos nos  reunimos con el resto del grupo para tratar como afrontaremos el día de mañana. Acordamos en intentar la cima solo los que estamos mejor físicamente. De mi grupo, aparte de yo, solo Rafael se encuentra bien  para intentar la cima.
También hemos decidido acercarnos al corredor y estudiar si hay otra posible vía. Espero que pasado mañana nos acompañe la suerte
Me cuesta dormirme. Pienso que cuando llegue a Santiago me acercare a una barbería para que me afeiten bien es más un buen baño, un afeitado y una buena mariscada marcan el orden de prioridad. Después de llamar a casa por supuesto.
Después de pasar la noche en el C1, en la mañana del día 15 nos encaminamos hacia el C2. El grupo lo componemos Rafa, Iñaki, Nemesio, Roberto y yo. El resto no se encuentra con fuerzas para intentar cima y renuncia.
La subida la realizamos aún mejor que ayer, pero cuando llegamos al lugar previsto para montar las tiendas, en el C2, se ha desatado una gran ventisca. Debido al viento, nos ha costado mucho tiempo montar las tiendas. No podemos cenar nada en caliente, el viento es muy fuerte y la temperatura exterior muy baja.
MONTANDO EL C2 Y ARMÁNDOSE EL TEMPORAL
 Las partes de la cara que quedan al aire duelen. Nos metemos en el saco de dormir tan pronto como podemos. Aun dentro del saco tardo bastante en entrar en calor. El viento continúa aumentando y la situación va claramente a peor. En el interior de la tienda la escarcha cubría los sacos de dormir y las mochilas. Estábamos a -20º en el interior fuera debía de rondar sobre los -40º o – 45º. El aire aplastaba la tienda sobre nosotros y la movía a un lado y al otro, creíamos que se iba a separar del suelo de un momento a otro. Se rompen los enganches de los vientos y el techo comienza a golpearnos con violencia. Estamos jodidos. Conseguí abrir la cremallera del saco y las de la tienda y salir al exterior. El cielo estaba súper despejado y lleno de estrellas, no estaba la cosa para perder el tiempo, el aire ve tiraba al suelo, así que me metí de nuevo en el interior pisando barrigas, espaldas y todo lo demás. Ninguno de los dos dijo nada. Me metí en el saco y tarde mucho tiempo en entrar en calor y tenía los pies muy fríos y eso que el saco de dormir era tope para climas fríos. La noche era una continua pesadilla…una larga y fría pesadilla. Al llegar las primeras luces salimos de nuestra tienda, Neme e Iñaki salieron al mismo tiempo todos con el mismo objetivo largarnos hacia abajo inmediatamente. Recogimos los restos de las tiendas y todo el material lo más aprisa que pudimos. Tanto Iñaki como yo por no romper más lo que quedaba de las tiendas nos quitamos los guantes un momento para desatar un nudo y yo para tratar de cerrar la cremallera del pantalón. Error los dos pagamos la novatada con sendas congelaciones en los dedos.
Todo los rápido que el viento nos permitía avanzamos, hacia la cresta de bajada, con dirección al plató de los 5.000 metros. El viento aun aumento más y empezó a jugar con nosotros… nos levantó, empujó y derribó cuantas veces quiso. En mi caso hice tres magníficos “vuelos”, el ultimo con toma de tierra incluida. Mientras estaba “volando” vi a Rafael a “cuatro patas” rajando en arameo.
La bajada se hizo muy dura y sobre todo muy larga. Alcanzamos el C1 muy tocados. Llevábamos 24 horas apenas sin comer ni beber y para más inri sin dormir. Ayudamos a desmontar el C1 y haciendo hueco en nuestras ya cargadas mochilas metimos cuanto pudimos. En cuanto tuve mi carga tire para abajo. Bajamos muy cargados, no podía ni con las botas. Baje junto a Roberto y la “pájara” que llevábamos ambos. Parábamos cada 20 pasos, las ampollas de “Energex” que llevábamos aún estaban congeladas y mi moral más hundida que la falla de San Francisco. Las horas que tardamos en llegar al CBA fueron una verdadera tortura, cuando llegue al campamento la diferencia entre una braga y yo era mínima.
En el CBA nos estaban esperando y habían preparado consomé, tang, cola cao…y  agua templada con betadine para los dedos de Iñaki y los míos.
CENANDO EN EL CBA
Estoy preocupado con los dedos, tengo 4 de las manos unos más que otros, de los pies aun no me he mirado pero cuando me quito las botas veo que solo están algo dormidos por el frío, tan solo los gordos tienen un color más “rarito”…al menos no están  tan afectados como los de las manos.
Roberto, el doctor, me dice que las congelaciones no son muy graves y que las de Iñaki son algo peor.
Estoy muy cansado, no me apetece comer, solo quiero dormir, dormir mucho y sobre todo calentito. Me meto en el saco en cuanto puedo y aun pienso  lo cerca que hemos estado de dos cosas: de hacer cima y de casi quedarnos tiesos.
La montaña no ha querido que subiéramos y nos puso las cosas francamente difíciles. Solo 700 metros  han marcado la diferencia entre hacer cima y no hacer nada.
Estamos a 17 de Noviembre y no tengo ganas de levantarme ni para orinar. Llevo 20 horas sin salir del saco, son las 11,00 horas, el sol pega en la tienda y se está tan calentito que no pienso en otra cosa que no sea quedarme aquí dentro. El personal está desayunando, escucho a Dámaso toser, aún está jodido. Carlos que había subido ayer hasta aquí se bajó a la por la tarde a la Vega con Jorge.
EL DOCTOR Y NEMESIO BROMEAN CON DÁMASO EN EL CBA
Los dedos de las manos los tengo como si me los hubieran martilleado y los de los pies como si los tuviera llenos de hormigas.
Tengo ganas de llegar a casa y ver a  Lourdes, de llegar a Santiago, de lavarme, de comer de mantel… pero sobre todo de largarme de aquí. Me doy cuenta de las pequeñas cosas que hacen agradable la vida…y de lo mucho que he aprendido en esta expedición.
Todo ha salido como tenía previsto, todo… menos que la montaña tantas veces generosa en esta ocasión no lo ha querido ser, me ha mostrado una cara que desconocía, la cara dura e inflexible de algo que normalmente es amable. Me llevo unos dedos tocados y una cara marcada por el cansancio y el frìo. He sacado de aquí una experiencia que no tenía y que me ha hecho reflexionar bastante.
Día 18 de Noviembre hemos bajado del CBA a la Vega de los Flojos. No me quito de la cabeza la mala suerte que hemos tenido. Me acompaña Dámaso y repasamos los fallos, la falta de coordinación, la falta de comunicación, etc… Se nos han unido Carlos, Pilar y Jorge. De la Vega bajamos a los Baños Azules, montamos el campamento y nos aseamos. Vamos a la tienda comedor y bebemos más que comemos. 
WC EN BAÑOS AZULES
El vino es de envase de cartón. Bebemos, cantamos e incluso bailamos y por momentos  parece que nos olvidamos de lo pasado los días anteriores. Hemos invitado a cenar con nosotros a Hernán, a Víctor “El Chavo”, el “Cabro Joven” tan solo el “Cabro” no ha asistido, él ha preferido irse a cenar con unos pastores que se encuentran por la zona. Jorge animo (¿?) la velada con un puñado de lastimeras canciones que trataban de mineros, pastores, montañas e injusticias cometidas contra el pueblo oprimido y trabajador que tanto sufre (sic). Llevamos al grupo de pastores algo de embutido y vino para que completen su cena. Por fin y cuando ya no queda  nada más que beber nos retiramos a las tiendas. Ligeramente “tocados”, por la vara del Dios Baco, Nemesio e Iñaki se entretienen en tratar de introducir por el respiradero de las tiendas sendas boñigas de vaca sin conseguirlo.
EL EQUIPO DE ARRIEROS
El día 19 nos levantamos tarde y sobre las 11,00 horas comenzamos a caminar. Voy conectado al walkman. En algo más de tres horas llegamos a Potrero Nuevo, donde empezó nuestra aventura y donde termina. El grupo va llegando poco a poco. Al llegar Roberto comenta que cree haber oído a los arrieros que uno de los bidones ha caído barranco abajo hasta alcanzar el cauce del río. Todos esperamos que no sea el que contenga nuestro material. Dos arrieros montan de nuevo y deshacen el camino hasta llegar al punto de la perdida, se llevan una cuerda por si necesitan emplearla para recuperarlo. Falsa alarma, tan solo cayo una caja con bombonas de gas y comida.
La espera del bus se hace larguísima, se retrasa varias horas sobre el horario previsto. A las 20,00 horas llega el autobús. Por fin llegamos al hotel me miro en el espejo y veo mi cara quemada, mis dedos han mejorado mucho pero aun parecen pequeñas morcillitas negras.
Ya no escribiré más notas en mi libreta, esto ha terminado.
Al acabar con la actividad en la montaña visitamos La Serena, Tongoy, Coquimbo y Viña del Mar.
 TONGOY

VENDEDOR AMBULANTE EN LA SERENA
Volví a Chile en el año 2008 con una expedición al Ojos del Salado... pero eso es otra historia.

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